La historia de Alcohólicos Anónimos: lo que quizá no sabías

Mucho de lo que se cuenta sobre el origen de Alcohólicos Anónimos es impreciso. Vale la pena ordenar los hechos, porque la historia real es más interesante —y más humana— que la versión resumida que suele circular.
Los dos fundadores
A.A. no nació de una institución, de una iglesia ni de un programa médico. Nació del encuentro de dos hombres que no podían dejar de beber.
Bill Wilson, un corredor de bolsa de Nueva York, había intentado varias veces dejar el alcohol, con internamientos y tratamientos que no funcionaron. Su último intento serio lo llevó a una conclusión incómoda: no podía solo.
Robert Holbrook Smith, conocido como Dr. Bob, era cirujano en Akron, Ohio. También era alcohólico, y también había fracasado en cada intento de abandonar la bebida.
Los dos son hoy reconocidos como cofundadores de Alcohólicos Anónimos. No fundaron la comunidad en un escritorio: la descubrieron al comprobar que, cuando uno le contaba su historia al otro, los dos se mantenían sobrios.
El encuentro de Akron, en 1935
La fecha que se toma como fundacional es 1935. Bill Wilson estaba de paso por Akron en un viaje de negocios que se estaba cayendo, y sintió el impulso de beber. En lugar de hacerlo, buscó a otro alcohólico con quien hablar.
Así llegó a Dr. Bob. La conversación entre ambos fue el primer «paso doce» de la historia: un alcohólico transmitiéndole a otro lo que había aprendido. Bill se marchó de Akron sobrio y con la convicción de que había encontrado algo. Dr. Bob bebió una última vez, y luego comenzó su sobriedad.
De esa idea —que un alcohólico ayuda a otro alcohólico— nació todo lo demás. Antes de esa fecha ya existían grupos y movimientos que buscaban tratar el alcoholismo; lo que faltaba era este principio funcionando de persona a persona.
La influencia de Carl Jung
Hay una parte de la historia que suele contarse mal. El psiquiatra suizo Carl Jung no fue fundador de A.A. Lo que hizo fue atender a un paciente llamado Rowland H., un hombre que había llegado a él después de muchos intentos fallidos de dejar la bebida.
Jung le dijo algo que en su momento resultaba desconcertante: que su caso estaba más allá de lo que el tratamiento psiquiátrico podía resolver, y que la única salida posible era una experiencia espiritual, un cambio profundo de actitud y de personalidad.
Rowland H. transmitió esa idea, que llegó a Bill Wilson. Cuando Bill escribió el anexo «Experiencia espiritual» del Libro Grande, recogió precisamente esa reflexión: los términos «experiencia espiritual» y «despertar espiritual» aparecen porque el cambio necesario para recuperarse se manifiesta de muchas formas distintas, y en la mayoría de los casos se desarrolla lentamente, a lo largo de un tiempo.
De ahí una de las ideas más malinterpretadas de A.A.: no se exige una conversión religiosa. Se habla de un cambio de actitud que puede llegar de maneras muy diversas, y de un «Poder superior como cada quien lo conciba».
Un malentendido sobre la palabra «alcohol»
La versión popular dice que «alcohol» significa «espíritus» en latín. Es una confusión de dos palabras diferentes.
La palabra alcohol proviene del árabe al-kuhl, que designaba originalmente un polvo mineral finísimo. Pasó a las lenguas europeas para nombrar las sustancias obtenidas por destilación. Spiritus, en latín, significa «aliento» o «espíritu», y de ahí viene el uso de «espirituoso» para las bebidas destiladas —una metáfora, no una etimología compartida.
Es un detalle pequeño, pero importa: cuando estas confusiones se repiten, terminan atribuyéndole a A.A. creencias que nunca sostuvo.
El Libro Grande y la expansión
En 1939 se publicó Alcohólicos Anónimos, el texto que hoy se conoce como el Libro Grande (también llamado Libro Azul). Allí quedaron escritos los Doce Pasos, la explicación de la enfermedad y un conjunto de historias personales de recuperación.
El libro no lo escribió una editorial: lo escribieron los propios miembros, con Bill Wilson a la cabeza, y se financió con aportes de ellos mismos. Esa independencia marcó el carácter de la comunidad.
Poco después llegaron las Doce Tradiciones, redactadas por Bill W. y adoptadas formalmente en 1950. Son las reglas que ordenan la vida de los grupos y que explican por qué A.A. no cobra, no hace publicidad, no pertenece a ninguna religión ni partido y no busca protagonismo público.
De un grupo a una comunidad mundial
La difusión fue rápida y, sobre todo, voluntaria. En pocos años aparecieron grupos en distintas ciudades de Estados Unidos, luego en Canadá y después en el resto del mundo. Hoy A.A. está presente en más de 180 países, con decenas de miles de grupos.
Un dato curioso de esa expansión: en 1960 una persona de Nueva York escribió a Bill Wilson sugiriéndole que A.A. fuera postulada al Premio Nobel de la Paz. La idea quedó en una carta y no prosperó. Bill Wilson la mencionó sin darle importancia, coherente con la Tradición que antepone los principios a las personalidades.
La Ley Seca, como contexto
La fundación de A.A. es inseparable del clima social en el que ocurrió. Entre 1920 y 1933 Estados Unidos vivió la llamada Ley Seca, que prohibió la fabricación, venta y transporte de bebidas alcohólicas.
El resultado fue el opuesto al buscado. La prohibición no eliminó el consumo: lo llevó a la clandestinidad y alimentó el crimen organizado. Un ejemplo conocido es el de Al Capone, cuyas ganancias durante esos años superaron los cien millones de dólares, con una parte considerable proveniente del mercado ilegal del alcohol. También se registraron miles de muertes por el consumo de alcohol adulterado, elaborado sin ningún control sanitario.
La Ley Seca se derogó el 5 de diciembre de 1933. Cuando Bill Wilson y el Dr. Bob se encontraron en 1935, la experiencia de la prohibición estaba fresca: había quedado claro que el problema del alcohol no se resuelve prohibiendo ni persiguiendo, sino tratando a la persona.
Un origen tan humano como el problema
Alcohólicos Anónimos no nació de un plan, de una teoría ni de una institución. Nació de dos personas que habían fallado repetidamente y que descubrieron, casi por accidente, que contarle a otro lo que les pasaba los mantenía sobrios.
Esa sigue siendo la esencia del programa hoy, casi un siglo después. Si quieres conocer cómo funciona en la práctica, puedes leer cómo funciona Alcohólicos Anónimos y qué es A.A.. Nuestro grupo en Chiclayo se reúne todos los días y la puerta está abierta.
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